05-02-2016

CAPITULO I

El mar de cristal, Dios expulsa a Adán y Eva del Edén, para vivir en la Cueva de Tesoros

1 En el tercer día de la Creación, Dios plantó el jardín del Edén en la parte oriental de la tierra, en la frontera del mundo hacia el este, más allá de donde sale el sol y donde se encuentra nada más que agua, que abarca todo el mundo, y llega a la fronteras de los cielos.

2 Y al norte del jardín hay un mar de agua, clara y pura para el paladar, a diferencia de cualquier otra cosa, a fin de que, a través de la claridad, uno pueda ver en las profundidades de la tierra.

3 Y cuando un hombre se lava a sí mismo en ella, se convierte en limpio en su limpieza, y blanco en su blancura, incluso si fuera oscuro.

4 Y Dios creó ese mar a su buen parecer, porque él sabía lo que el hombre haría, y así una vez salido del jardín, con motivo de su transgresión, los hombres deberían nacer en la tierra.

Entre ellos se encontrarán los justos que va a morir, y cuyas almas irán a Dios, y regresarán en el último día y volverán a su carne, y se bañarán en las aguas de ese mar, y se arrepentirán de sus
pecados.

5 Pero cuando Dios echó a Adán del jardín, Él no lo ubicó en la frontera norte del mismo, para que él y Eva no puedan acercarse al mar de agua donde pudieran lavarse en ella y ser limpiados de sus pecados, y así borrar la transgresión que habían cometido y luego no se acuerden de su
castigo.

6 En cuanto a la parte sur del jardín, Dios no quiso que Adán viviera allí, porque, cuando el viento sople desde el norte, hacia el sur, Adán recibiría el grato olor de los árboles del jardín.

7 Por lo cual Dios no puso a Adán y a Eva, en el lado sur, para que no fueran capaces de oler su dulce aroma y olvidar a sí su transgresión y encuentren consuelo en el aroma y no se limpien de su pecado.

8 Una vez más, Dios, que es misericordioso y de gran lástima, y que gobierna todas las cosas de la manera que sólo él sabe; hizo que nuestro padre Adán viva en la frontera occidental del jardín, porque en ese lado de la tierra, hay un territorio amplio.

9 Y Dios los mandó a vivir allí, en una cueva, dentro de una gran roca, llamada la Cueva de los Tesoros, que se encontraba por debajo del jardín.

Capítulo II

Adán y Eva, débiles cuando dejan el Jardín. Dios envía su Palabra para alentarlos.

1 Sin embargo, cuando nuestro padre Adán y Eva, salieron del jardín, caminaron la tierra con sus pies, sin saber que estaban caminando.

2 Y cuando llegaron a la apertura de la puerta del jardín, y vieron la amplia extensión de tierra ante ellos, cubierta con piedras grandes y pequeñas, y con arena, temían y temblaban, cayendo sobre sus rostros, por el temor que les sobrevino, y quedaron como muertos.

3 Dado que hasta este momento habían estado en la tierra del jardín, bellamente plantado con todo tipo de árboles, ahora veían a sí mismos, una tierra extraña, que no conocían y nunca habían visto.

4 Además se encontraban en el jardín, llenos de la gracia y de una brillante naturaleza, y no habían vuelto sus corazones hacia las cosas terrenales.

5 Por esto, Dios, tuvo piedad de ellos, y cuando los vio disminuidos ante la puerta del jardín, les envió Su Palabra a nuestro padre, Adán y a Eva, en su estado caído.

Capítulo III

En cuanto a la promesa de los grandes cinco días y medio.

1 Y Dios dijo a Adán, “he ordenado sobre esta tierra, días y años, y tú y tu descendencia vivirán en pie, en ella, hasta que los días y años se cumplan, cuando las Palabras que te crearon, y las que te hicieron salir del jardín, tras tu transgresión, sean pronunciadas,

2 Sí, cuando la Palabra se guarde de nuevo, pasados los cinco días y medio y se vean
cumplidos”.

3 Cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, y de los grandes cinco días y medio, no pudo entender el significado de ellos.

4 Adán estaba pensando que solo habría, cinco días y medio desde él, hasta el fin del mundo.

5 Y Adán gritó, y oró a Dios para que se le explicara esto.

6 Entonces Dios en su misericordia para con Adán, que lo hizo a su propia imagen y semejanza, le explicó, que estos cinco días y medio, son realmente 5500 años, y cómo es que vendría y lo salvaría a El y a sus descendientes.

7 Pero antes de todo esto, Dios hizo un pacto con nuestro padre Adán, en los mismos términos, antes de que saliera del jardín, en el árbol de donde Eva tomó del fruto y se lo dio a él para que coma.

8 Porque, cuando nuestro padre Adán salió del jardín, pasó por donde estaba este árbol, y vio cómo Dios le había cambiado la apariencia, dándole otra forma, una forma arrugada.

9 Y como Adán salió hacia donde temía, temblando cayó, y Dios en su misericordia le levantó, y luego hizo este pacto con él.

10 Y otra vez, cuando Adán fue por la puerta del jardín, y vio al querubín con una espada de fuego parpadeante en la mano, y que el querubín crecía enfadado y lo veía mal, tanto a Adán como a Eva, le tuvo mucho temor, y pensó si esto significaba la muerte. Así que cayeron sobre sus rostros, temblando de miedo.

11 Pero en realidad, el ángel tenía pena por ellos y mostrando misericordia, subió al cielo y orando al Señor, dijo: 12 “Señor, me enviaste a ver la puerta del jardín, con una espada de fuego.

13 Pero cuando tus siervos, Adán y Eva, me vieron, cayeron sobre sus rostros, y estuvieron muertos de miedo. ¡Oh mi Señor! ¿qué vamos a hacer con tus siervos?

14 Entonces Dios tuvo piedad de ellos, y les mostró misericordia, y envió a su ángel para
mantener el jardín.

15 Y la Palabra del Señor vino a Adán y Eva,

16 Y les dijo: Adán te dije que al final de los cinco días y medio, iba a enviar mi Palabra,
17 Fortalece tu corazón, por tanto, y permanece en la Cueva de los Tesoros, de la que te he hablado, 18 Cuando Adán escuchó esta Palabra de Dios, fue confortado por las palabras que Dios le había dicho, también le dijo la forma en que lo salvaría.

Capítulo IV

Adán llora sobre el cambio de condiciones. Adán y Eva entran en la Cueva de Tesoros.

1 Sin embargo, Adán y Eva lloraron por haber salido del jardín, su primera casa.

2 Y de hecho, cuando Adán miró que su carne fue alterada, lloraba amargamente junto con Eva, por lo que habían hecho.

Y ellos caminaron y se dirigieron suavemente hacia abajo en la Cueva de Tesoros.

3 Y cuando la vieron, Adán gritó sobre sí mismo y dijo a Eva, ¡Mira esta cueva, parece una cárcel de castigo para nosotros en este mundo!

4 ¿Qué es esto en comparación con el jardín? ¿No hay aquí tanta estrechez comparándola con el espacio que tiene lo demás?

5 ¿Qué es esta piedra, por el lado de los huertos? ¿Cuál es la oscuridad de esta caverna, encomparación con la luz del jardín? 

6 ¿Qué es esta cornisa de roca que protege a la vivienda, en comparación con la misericordia del Señor que nos rodeaba?

7 ¿Cuál es el suelo de esta cueva en comparación con el jardín del Edén? Esta tierra, está llena de piedras, en cambio en el jardín estaban plantados todo tipo de árboles frutales deliciosos?

8 Y dijo Adán a Eva. Nuestros ojos antes miraban ángeles alabando en el cielo, y ellos también a nosotros, sin cesar.

9 Pero ahora no vemos como lo hacíamos; nuestros ojos se han vuelto de carne y no pueden ver como antes.

10 dice de nuevo Adán a Eva, ¿Cuál es nuestro cuerpo el día de hoy, en comparación con lo que fue en los antiguos días, cuando vivíamos en el jardín?”

11 Después de esto, Adán no quiso entrar en la cueva, mirando el marco de roca, no se atrevía cruzarlo para entrar. 

12 Pero él plegado a las órdenes de Dios, se dice a sí mismo, Si no entro en la cueva, seré una vez más un transgresor.

Capítulo V

Eva hace una noble y emocional intercesión, sintiendo la culpa de todo lo sucedido.

1 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, y estaban rezando, en su propia lengua, que para nosotros es desconocida, pero que ellos conocían bien.

2 Y cuando oraban, Adán levantó sus ojos y vio la piedra y el techo de la cueva que les cubría y les impedía ver el cielo y a las criaturas de Dios; así que se puso a llorar y golpeando con fuerza sobre su pecho, cayó al suelo como muerto.

3 Y Eva, se sentó llorando a su lado, porque ella creyó que estaba muerto.

4 Entonces levantándose, dirige sus manos hacia Dios, y apela a Él, pidiéndole misericordia y piedad, diciendo: “Oh Dios, perdona mi pecado, el pecado que he cometido, y no te acuerdes de él ni te pongas en mi contra.

5 Porque yo he sido la causante de que tu siervo caiga en el jardín, y que estemos condenados en esta tierra; de que hayamos pasado de la luz, a esta oscuridad, y de la casa de alegría, a esta prisión.

6 Oh Dios, mira a tu siervo, caído de esta manera, y llévalo de vuelta a la vida, que pueda llorar y arrepentirse de su transgresión que cometió a través mío.

7 No te lleves su alma en este momento, permítele vivir y que pueda arrepentirse y hacer tu voluntad, como antes de su muerte.

8 Pero si no deseas devolverle la vida, entonces, Oh Señor y Dios, lleva mi alma también y no me dejes en este calabozo, porque yo no podría estar sola, sin él, en este mundo.

9 porque tú, oh Dios, lo hiciste caer en un profundo sueño, y tomaste un hueso de su costado, y restableciste la carne en el lugar de ella, por tu poder divino,

10 Y me tomaste de su hueso, y me hiciste una mujer, brillante como él, con el corazón, la razóny y el habla y en carne, igual que a él, y me hiciste después a la semejanza de su aspecto, por tu misericordia y tu poder.

11 Oh Señor, él y yo somos uno, y tú, oh Dios, Creador nuestro, es Él que nos ha hecho en un día.

12 Por lo tanto, Oh Dios, devuélvele la vida, para que pueda estar conmigo en esta extraña tierra, por el tiempo que vivamos en ella, como castigo a nuestra transgresión.

13 Pero si no vas a darle vida, entonces llévame como a él; para que ambos podamos morir el mismo día.

14 Y Eva lloró amargamente, y cayó sobre nuestro padre Adán; en su gran dolor.

Capítulo VI

Amonestación de Dios a Adán y a Eva en el que señala cómo y por qué pecaron.

1 Y Dios los miró, pues estaban tendidos en el suelo como muertos, debido a su gran dolor.

2 Y decidió aumentarles su comodidad.

3 Por lo tanto, envió Dios su Palabra; y les mandó que se pusieran de pié de inmediato.

4 Y el Señor dijo a Adán y a Eva: Ustedes han transgredido por su propia y libre voluntad, y salieron del jardín en el que yo los había colocado.

5 Por su propia y libre voluntad han transgredido a través de su deseo por la divinidad, la grandeza, y un estado exaltado, como el que tengo, así que yo les privé de la  aturaleza brillante, que entonces tenían, y los hice salir del jardín, a esta tierra, áspera y llena de problemas.

6 Si tan sólo no hubieran transgredido mi mandamiento y habrían guardado mi derecho, y no hubieran comido del fruto del árbol que le dije que no comieran, pues habían árboles frutales en el jardín, unos mejores que otros.

7 Pero el malvado Satanás no mantuvo su fe y no tenía buenas intenciones hacia mí, y a pesar que yo lo había creado, me consideró inútil, y solicitó la Divinidad para sí mismo; por esto yo lo arrojé del cielo, pues ya no podía permanecer en su primera morada.

El fue el que hizo el árbol agradable a sus ojos, hasta que comieron, creyendo en sus palabras.

8 Así fue transgredido Mi mandamiento, por lo tanto, he traído a usted todos estos dolores.

9 Porque yo soy Dios el Creador, que, cuando creé a mis criaturas, no tuve la intención de destruirlas. Sin embargo, después de haber despertado tanto mi enojo, los castigué con graves plagas, hasta que se arrepientan.

10 Pero, si por el contrario, siguen endureciendo su corazón, en su transgresión, estarán bajo maldición para siempre

Capítulo VII

Las bestias se aplacaron.

1 Cuando Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, lloraron y se entristecieron aún más, pero Dios trajo fortalecimiento a sus corazones, pues ahora sentí que el Señor era para ellos como un padre y una madre, y por esta misma razón, lloraron ante Él, y le pidieron misericordia.

2 Entonces Dios tuvo piedad de ellos, y les dijo: “¡Oh Adán, he hecho mi pacto con ustedes, y no voy a cambiar, ni voy a dejar que vuelvan al jardín, hasta que mi pacto de los grandes cinco y medio días se cumpla! “

3 Entonces dijo Adán a Dios: Señor, nos creaste y nos hiciste aptos para estar en el jardín, y antes de que transgrediéramos tu mandamiento, hiciste que todas las bestias vengan a mí, para que les ponga nombre.

4 Tu gracia fue entonces sobre mí y nombré a cada uno de acuerdo a tu mente, e hiciste que todos ellos estén sujetos a mí.

5 Pero ahora, oh Señor Dios, que he transgredido tu mandamiento, todas las bestias se pondrán en contra mío y me van a devorar, y también a Eva tu sierva, y les cortaste la vida de la faz de la tierra.

6 Por lo tanto, te ruego, oh Dios, que nos has hecho salir del jardín, y nos has hecho estar en esta tierra extraña, no dejes que las bestias nos ataquen.

7 Cuando el Señor escuchó estas palabras de Adán, sintió piedad de él, porque lo que Adán dijo respecto a que las bestias del campo los atacarían era cierto, debido a que Dios estaba enojado por la transgresión que ellos cometieron.

8 Entonces Dios mandó a las bestias, y a las aves, y a todo lo que se mueve sobre la tierra, que vengan a donde Adán y se familiaricen con él, y que no tengan problemas con él y con Eva, ni con ninguno de sus hijos buenos y justos.

9 Entonces todas las bestias rindieron homenaje a Adán, según el mandamiento de Dios, excepto la serpiente, contra la que Dios estaba enojado y no llegó a Adán, con las bestias.

Capítulo VIII

La naturaleza brillante del hombre es quitada.

1 Entonces Adán lloró y dijo: “Oh Dios, cuando vivíamos en el jardín, nuestros corazones se alegraban porque veíamos a los ángeles cantando alabanzas en el cielo, pero ahora no podemos ver como antes y cuando entramos en esa cueva toda la creación se nos fue oculta y no la podemos apreciar. “

2 Entonces el Señor Dios dijo a Adán, “Cuando estaban sometidos a mí, ustedes tenían una naturaleza brillante por dentro, por esta razón podían ver las cosas celestiales.

Pero después de su transgresión, su naturaleza brillante les fue quitada y ya no pueden ver las cosas celestiales, solo lo que es de la tierra y que está al alcance de sus manos, la capacidad de la carne, que es brutal.” 

3 Cuando Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, referente a su camino, lo alabaron y adoraron con un corazón triste.

4 Y Dios se apartó de ellos.

Capítulo IX

El agua de El Árbol de la Vida. Adán y Eva, cerca de ahogamiento.

1 Entonces Adán y Eva salieron de la cueva de los tesoros, y se dirigieron cerca de la puerta del jardín, y allí se echaron a llorar pues solo habían llegado a las afueras, mas no pudieron entrar.

2 Adán y Eva fueron a la puerta sur del jardín, y encontraron allí el agua que regaba el jardín, desde la raíz del árbol de la vida, y que se divide de allí en cuatro ríos de la tierra.

3 Se dirigieron cerca del agua, aguardando, y vieron que era el agua que daba vida a la raíz del árbol de la vida en el jardín.

4 Y lloraba Adán amargamente, y golpeó su pecho, por haber sido echado del jardín, y dijo a Eva:

5 ¿Por qué has traído sobre mí, sobre ti y principalmente sobre nuestros descendientes, estas plagas y castigos?

6 Y Eva le dijo: ¿Qué es lo que has visto que te ha causado tal tristeza y te ha hecho hablarme de esta manera?

7 Respondiéndole Adán, le dijo, ¿no ves esta agua que estuvo con nosotros en el jardín y que regaba los árboles del jardín, y se divide en ramas?

8 Y nosotros, cuando estábamos en el jardín, no nos preocupábamos por él, pero desde que vinimos a esta tierra extraña, todo ha sido difícil y hasta lo necesitamos para nuestro cuerpo.

9 Pero cuando Eva escuchó estas palabras, lloró, y era tanto el dolor de su llanto, que cayeron en el agua, y quedándose tendidos en el agua, empezaron a ahogarse, pues así estaba estipulado que la vida de los seres debía terminar de alguna manera.

Capítulo X

Su cuerpo necesita agua después de salir del jardín.

1 Entonces Dios, que es clemente y misericordioso, extiende su mano en el agua, y viendo que estaban cerca de la muerte, envía a su ángel, el cual los sacó del agua y los llevó a la orilla y estaban como muertos.

2 Entonces el ángel subió a Dios y dijo: “Oh Dios, tus criaturas han dado su último respiro”

3 Entonces Dios envió a Su Palabra a Adán y Eva, y los levantó de la muerte.

4 Y dijo Adán, después de haberse levantado, “Oh Dios, mientras nosotros estábamos en el jardín, no necesitábamos del agua, pero desde que vinimos a esta tierra no podemos vivir sin ella.”

5 Entonces Dios dijo a Adán, “Mientras ustedes estaban en obediencia a mí y eran como un ángel brillante, no sabían de esta agua.

6 Pero ahora que han transgredido mi mandamiento, no pueden hacer nada sin el agua, pues la necesitan para lavar su cuerpo y hacerlo crecer, por ahora es igual que la de las bestias, y es por falta de agua. “

7 Cuando Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, exclamaron con un grito amargo, y Adán suplicó a Dios que les permitiera regresar al jardín, y les dé una segunda oportunidad.

8 Dios le dijo a Adán, “te he hecho una promesa, cuando esa promesa se haya cumplido, yo te llevaré de nuevo al jardín, a ti y a tus descendientes justos”.

9 Y Dios dejó de hablar con Adán.

Capítulo XI

Un recuerdo de los gloriosos días en el Jardín.

2 Y dijo Adán a Eva: “No vamos a beber de esta agua, aunque tengamos que morir.

Oh! Eva, cuando esta agua entra en nuestro interior, nos aumenta nuestras penas y la de nuestros descendientes.”

3 Tanto Adán como Eva se alejaron del agua y sin probar de ella entraron en la cueva de los Tesoros.

4 Ya adentro, Adán no podía ver a Eva, ni Eva podía ver a Adán, por la profunda oscuridad que allí había, solamente escuchaban los ruidos que hacían.

5 Entonces gritó Adán, en una profunda aflicción, y se golpeó el pecho, y levantándose dijo a Eva, “¿Dónde estás?”

6 Y ella le dijo: “estoy de pie en esta oscuridad”.

7 A continuación, le dijo, “Recuerdo la naturaleza brillante que teníamos cuando vivíamos en el jardín”

8 ¡Oh Eva! Recuerdo que la gloria descansaba sobre nosotros en el jardín.

¡Oh Eva! Recuerdo que los árboles nos tapaban en el jardín mientras nos mudamos entre ellos.

9 ¡Oh Eva! Recuerdo que mientras estábamos en el jardín, no conocíamos ni el día ni la noche.

Pienso en el Árbol de la Vida, debajo del cual fluía el agua, y que arrojaba sobre nosotros mas luz. Recuerdo, ¡Oh Eva!, la tierra del jardín, y el brillo del mismo.

10 En el jardín no había oscuridad, mientras vivíamos en el.

11 Pero ahora que hemos entrado a esta Cueva de los Tesoros, la oscuridad nos rodea por todas partes y no podemos vernos el uno al otro y todo el placer de esta vida ha llegado a su fin.

Capítulo XII

¿Cómo llegó la oscuridad entre Adán y Eva?

1 Entonces Adán se golpeó el pecho, El y Eva, lloraron toda la noche hasta que rompió el
amanecer y suspiraron a lo largo de toda la noche.

2 Y Adán golpeándose a sí mismo, se tiró sobre el terreno en la cueva, lleno de amargo dolor, y debido a la oscuridad, y se mantuvo allí como muerto.

3 Y Eva escuchó el ruido que hizo Adán al caer sobre el terreno. Y tanteando, lo toca y lo siente frío como si fuera un cadáver.

4 Entonces con miedo se quedó sin palabras, y se mantuvo cerca de él.

5 Pero el Señor que es misericordioso aguardaba a Adán y Eva en el silencio de la oscuridad.

6 Y la Palabra de Dios vino a Adán y le levantó de su estado, y abrió la boca de Eva para que hablar.

7 Adán se puso de pie en la cueva y dijo: “Oh Dios, ¿por qué se ha ido la luz de nosotros y ha llegado la oscuridad? ¿Por qué nos dejas en esta larga oscuridad? ¿Por qué dura esta peste?

8 Y esta oscuridad, oh Señor, ¿dónde estaba antes? no podíamos vernos entre sí.

9 En todo el tiempo que estuvimos en el jardín no la vimos, ni siquiera sabíamos que existía, Eva no me era oculta, ni yo a ella y no había oscuridad que nos separara.

10 Tanto ella, como yo, estábamos ambos en una luz brillante. La veía y me veía.

Sin embargo, ahora, dentro de esta cueva, la oscuridad nos ha cubierto, y nos separa el uno del otro, y no podemos vernos.

11 Oh Señor, ¿entonces es una plaga esta oscuridad? “

Capítulo XIII

La caída de Adán. ¿Por qué el día y la noche fueron creados?

1 Entonces cuando Dios, que es misericordioso y lleno de piedad, escuchó la voz de Adán, le dijo:

2 ¡Oh Adán, siempre, cuando el ángel bueno me era obediente, una luz brillante recaía sobre él y sobre sus anfitriones.

3 Pero cuando transgredió Mi mandamiento, yo le privé de ese carácter brillante, y se convirtió en oscuridad.

4 Y cuando él estaba en los cielos, en los reinos de la luz, él no sabía nada de oscuridad.

5 Pero él transgredió, y le hice caer del cielo a la tierra, y esta oscuridad es la que venía con él.

6 Y Tú, oh Adán, mientras estabas en mi jardín y eras obediente a mí, la luz brillante de descanso era sobre ti también.

7 Pero cuando me enteré de tu transgresión, te privé de esta luz brillante.

Sin embargo, por Mi misericordia, Yo no te convertiré en oscuridad, pero te he hecho un cuerpo de carne, y te di una piel que pueda soportar el frío y el calor.

8 Si yo hubiera dejado que toda mi ira caiga sobre ti y sobre Eva, entonces los hubiera destruido convirtiéndolos en oscuridad y hubiera sido como si los hubiese matado.

9 Pero en mi misericordia, te he hecho así como eres ahora y aún cuando transgrediste mi mandamiento, te saqué del paraíso, te mandé a esta tierra y te ordené que entraras en esta cueva, la que se llama la Cueva de los Tesoros, con la oscuridad a la que te refieres.

10 Esta oscuridad, ¡Oh Adán!, es la noche y que no te engañe, no dura para siempre, solo doce horas y cuando haya terminado, volverá el día.

11 No te aflijas y no te turbes y no digas en tu corazón que esta oscuridad es larga y que te envié una peste.

12 Fortalece tu corazón, y que no tenga miedo. Esta oscuridad no es un castigo. Pero, oh Adán, he hecho el día, y hemos puesto el sol en ella para dar luz, con el fin de que tu y tus hijos puedan hacer su trabajo.

13 Porque yo sabía que habría pecado y transgresión y que saldrías a esta tierra. Sin embargo hablemos sobre tu caída y tu salida del jardín y tu entrada a esta tierra.

14 Te hice de la luz y he querido poner esto de manifiesto a los hijos de la luz y a ti así como eres.

15 Pero un día no se guardó mi mandamiento, después que había terminado la creación y vi que todo era bueno y lo bendije.

16 Entonces, en relación con el árbol, yo te mandé que no comieras de él; sin embargo Satanás que es engañador por sí mismo, te engañó a ti también.

17 Yo te dí a conocer la existencia de este árbol, no para que te acerques a él, y te dije que no comieras de su fruto, ni que gustes de el, ni aún que lo veas atractivo ni codiciable.

18 Pero si yo no te hubiera dicho sobre este árbol, ni te hubiera puesto un mandamiento sobre él y hubieras comido del fruto, hubieras pecado, esto sería un delito mío por no haberte dado una orden y toda la culpa sería solamente mía.

19 Pero yo te mandé, y te advertí y caíste. Así mis criaturas no me pueden culpar y la culpa cae solo sobre ellos.

20 Y, oh Adán, he hecho el día para que tú y tu descendencia pueda trabajar.

Y he hecho la noche para que descansen de sus trabajos, y para que las bestias del campo puedan ir por la noche a buscar sus alimentos.

21 La oscuridad de la noche seguirá un poco mas, oh Adán, la luz del día pronto aparecerá.

Capítulo XIV

La primera profecía de la venida de Cristo.

1 A continuación, Adán dijo a Dios: “Oh Señor, tome usted mi alma, y quisiera no ver este pesimismo más, o me retírame a algún lugar donde no haya oscuridad”.

2 Pero el Señor Dios dijo a Adán, “De hecho yo te digo que esta oscuridad pasará sobre ti, todos los días que he determinado sobre ti, hasta el cumplimiento de mi pacto, cuando te traiga de vuelta a este lugar, y tendrás una casa de luz que durará por siempre, y en ella no habrá oscuridad, yo te llevaré al reino de los cielos.”

3 Una vez más dijo Dios a Adán, “Toda esta miseria que ha caído sobre ti a causa de tu
transgresión, no te libra de la mano de Satanás ni te puede salvar”.

4 Pero yo lo haré, yo te salvaré, cuando baje del cielo y me convierta en carne como la de tus descendientes y sufriré de lo mismo que tu sufres, y entonces esta oscuridad que ahora sientes en esta cueva yo la llevaré a la tumba, cuando venga entre tus descendientes.

5 Y yo, que estoy sin años, estaré sujeto a la cuenta de los años, de los tiempos, de los meses y de los días y voy a ser contado como un hijo más de los hombres, con el fin de salvar.

6 Y Dios dejó de hablar con Adán.

* Referencia: Juan 12:46

Capítulo XV

Adán y Eva de luto por el sufrimiento de Dios para salvarlos de sus pecados.

1 Entonces Adán y Eva lloraron y se lamentaron tremendamente por lo que Dios les había dicho, de que no volverían al paraíso hasta que el pacto de Dios se cumpla y sobre todo porque Dios mismo bajará a la tierra de los hombres donde sufrirá para salvarnos.

Capítulo XVI

La primera salida del sol.

1 Después de esto, Adán y Eva siguieron de pie en la cueva, rezando y llorando, hasta que la mañana amaneció sobre ellos.

2 Y cuando vieron que la luz volvió a ellos, el miedo se apartó y sus corazones se fortalecieron.

3 Luego Adán empezó a salir de la cueva y cuando llegó a la entrada y su rostro estaba hacia el este, vió la salida del sol con sus rayos luminosos y sentían su calor en sus cuerpos y tuvo miedo de él y pensó en su corazón que las llamas eran una plaga.

4 lloró y golpeando su pecho cayó sobre el terreno con su rostro en tierra y oró diciendo:

5 “Oh Señor, quita esta plaga que me consume y lleva mi vida de la tierra.

6 Pues él pensaba que el sol era Dios,

7 Porque mientras se encontraba en el jardín y escuchaba la voz de Dios y el sonido que hacía en el jardín, le temía.

Adán nunca había visto la luz brillante del sol ni tampoco había sentido su calor sobre su cuerpo.

8 Por eso tenía miedo del sol cuando los rayos de fuego llegaron a él llegó a él. A su juicio, significaba que Dios había decretado esta plaga para él todos los días.

9 Adán también pensaba que como Dios no le había mandado la plaga de la oscuridad, entonces le había mandado este calor para que los queme.

10 Pero mientras él estaba pensando estas cosas en su corazón, la Palabra de Dios vino a él y dijo:

11 “Oh Adán, hasta llegar a sus pies. Este sol no es Dios, sino que ha sido creado para dar luz durante el día, lo que te dije en la cueva “que el amanecer vendría, y habría luz de día. “

12 Pero yo soy Dios que te conforté durante la noche. “

13 Y Dios dejó de hablar con Adán.

Capítulo XVII

El capítulo de la serpiente.

1 Adán y Eva salieron a la puerta de la cueva, y se dirigieron hacia el jardín.

2 Y a medida que se iban acercando a la puerta occidental, donde Satanás los engañó y se dieron cuenta de que la serpiente se convirtió en Satanás, lamiendo el polvo y arrastrándose sobre el, con la maldición que Dios le dio.

3 Y antes la serpiente era el más exaltado de todos los animales, ahora se cambió y se convirtió en resbaladiza, y el peor de todos ellos, y deslizándose sobre su pecho, se dirigió en su vientre.

4 Y fue la manera más justa de juzgarla entre los animales, pues ahora es la mas horrible de las bestias y en lugar de alimentarse de la mejor comida ahora come polvo y en lugar de vivir en los mejores lugares como antes, ahora vive en el polvo.

5 Había sido la más hermosa de todas las bestias, todo lo cual era mudo en su belleza, es ahora aborrecido de ellos.

6 Y, de nuevo, mientras que vivía en una hermosa casa, diferente al resto de los animales que venían de otros lugares y bebía de la misma fuente que los demás, ahora, por su veneno los animales ya no se acercan a su casa ni beben de la misma fuente.

Capítulo XVIII

El mortal combate con la serpiente.

1 Cuando la maldita serpiente que había aumentado su cola y estaba unida a la cabeza, vio Adán y a Eva, sus ojos se pusieron rojos de sangre, y actuó como si fuera a matarlos.
2 Fue directo a Eva y corrió tras ella, mientras que Adán estando de pié, grito porque no tenía un palo en su mano y no sabía como matar a un animal.

3 Pero con un corazón ardiente por Eva, Adán se acercó a la serpiente, y la cogió por la cola, este luego se volteó y les dijo:

4 “Oh Adán, por ti y por Eva, ahora me arrastro sobre mi vientre. Luego, con su gran fuerza, tiró abajo a Adán y a Eva y los apretaba intentando matarlos.

5 Pero Dios envió un ángel que arrojó a la serpiente fuera de ellos, y los restauró.

6 Entonces la Palabra de Dios vino a la serpiente, y dijo: la primera vez solo te hice arrastrarte sobre tu vientre, pero no te quité la expresión,

7 Esta vez, sin embargo, te quitaré la facultad de hablar y estarás muda, ya que en la primera vez, hiciste que mis criaturas fueran arruinadas y ahora has intentado matarlas.

8 Entonces la serpiente quedó muda y no pudo hablar mas.

9 Y un viento soplaba hacia abajo desde el cielo por el mandato de Dios y se llevó a la serpiente lejos de Adán y Eva, cayendo a las orillas del mar, donde hoy es la India.

Capítulo XIX

Las bestias se someten a Adán.

1 Sin embargo, Adán y Eva lloraron ante Dios. Y Adán dijo:

2 “Oh Señor, cuando yo estaba en la cueva, te dije: mi Señor, las bestias del campo se levantarán contra mi e intentarán devorarme, cortando mis días en la tierra.”

3 Adán decía esto por lo que le había acontecido y se golpeaba el pecho y tanto era su lamento que cayó al suelo como muerto. Luego la Palabra de Dios vino a él, y lo levantó y le dijo:

4 “Oh! Adán, ninguna de estas bestias será capaz de atacarte, he hecho venir a las bestias a la cueva cerca de ti, y no dejaré que la serpiente esté entre ellas, la he hecho temblar y que tenga temor de ustedes en su corazón..

5 Porque yo sabía que el maldito es un malvado, por eso no dejaré que venga a ustedes junto con las otras bestias.

6 Pero ahora fortalece tu corazón y no tengas miedo. Yo estoy con ustedes hasta el final del tiempo determinado.

Capítulo XX

Adam desea proteger Eva.

1 Entonces Adán llorando dijo: “Oh Dios, llévanos lejos de aquí, a algún otro lugar, donde la serpiente no se nos acerque y se levante contra nosotros,” esto decía porque temía que la serpiente encontrara a Eva sola y la matara porque sus ojos la miraban para mal.

2 Pero Dios dijo a Adán y a Eva, “De ahora en adelante, no tengan miedo, no dejaré que se les acerque, me la he llevado muy lejos y le e quitado la capacidad de dañarlos.

3 Entonces Adán y Eva adoraron ante Dios y le dieron gracias, y le alabaron por haberlos librado de la muerte.

Capítulo XXI

Adán y Eva intentan suicidarse.

1 Entonces Adán y Eva fueron en busca del jardín.

2 Y el calor era tan fuerte que parecía llama de fuego en sus rostros y por el intenso calor lloraron delante del Señor.

3 Y lloraban al frente de la puerta occidental del jardín, sobre una montaña.

4 Luego Adán se tiró hacia debajo de la montaña, su rostro y su carne se rasgaron, perdiendo mucha sangre y estaba a punto de morir.

5 Mientras tanto Eva se mantenía de pie en la montaña llorando por él.

6 Y ella dijo: “No quiero vivir después de él, porque todo lo que él ha hecho, ha sido por mi causa.

7 Entonces ella se lanzó también, después de él, y su piel fue desgarrada y arrancada por las piedras y cayó, quedando como muerta.

8 Pero Dios, que es misericordioso, y que ve por sus criaturas, miró a Adán y a Eva, que estaban como muertos, y Él pronunciando Su Palabra, los levantó.

9 Y dijo a Adán, “Oh! Adán, toda esta miseria que has traído a ti mismo, no afectará mi decisión ni va a modificar mi pacto de 5 500 años, como ya dije.”

Capítulo XXII

Adán en un ambiente amable.

1 Luego de haber sido levantado, Adán dijo a Dios: “Yo me seco con este calor y me desmayo estando de pie, no deseo estar en este mundo y no sé hasta cuando me tendrás en este.

2 Entonces el Señor Dios le dijo: “¡Oh Adán, ahora no te sacaré de este mundo, no hasta que hayas cumplido los días que te están designados. Entonces los sacaré fuera de esta tierra.

3 Y Adán dijo a Dios: “Cuando yo estaba en el jardín, no había ni calor, ni debilidad, ni temores, ni miedo, ni había que caminar tanto, pero desde que llegué a esta tierra, solo vivo en aflicción.

4 Entonces Dios dijo a Adán: “Era así porque vivían bajo mis mandamientos, mi luz y mi gracia estaban sobre ti, pero cuando transgrediste mi mandamiento, el dolor y la miseria te han llegado en esta tierra.

5 Y Adán gritó y dijo: “Oh Señor, no me cortes de tu presencia, ni me castigues con fuertes plagas y no me devuelvas según mi pecado, porque nosotros por nuestra voluntad pecamos, transgrediendo tus mandamientos y haciendo caso omiso de tus palabras y haciendo según nuestra voluntad, tratamos de hacernos dioses, queriendo igualarnos a ti porque fuimos engañados por el diablo

6 Entonces Dios dijo a Adán de nuevo, “Porque tu mismo tuviste que soportar el miedo, el temblor, la debilidad, el sufrimiento en esta tierra y tener que caminar tanto pasando esta montaña y morir en ella, yo mismo lo voy a pasar, a fin de salvarte.

Capítulo XXIII

Adán y Eva son fortalecidos y levantan el primer altar

1 Entonces Adán lloró más amargamente diciendo: “Oh Dios, tienes tanta piedad de mi, tanto como para traer sobre ti mismo lo que he hecho.

2 Dios retiró Su Palabra de Adán y Eva. 

3 Entonces Adán y Eva, parados sobre sus pies se fortalecieron así mismos.

4 Luego Adán y Eva tomaron piedras y los pusieron en la forma de un altar, y tomaron las hojas de los árboles que crecían fuera del jardín y con ellas limpiaron las heridas y la sangre que se había derramado sobre la roca

5 Pero la sangre que había caído sobre la arena, que se mezcló junto con el polvo la ofreció en el altar como una ofrenda a Dios.

6 Entonces Adán y Eva estando debajo del altar con gran llanto, oraron a Dios, diciendo: “perdona nuestra intrusión y nuestro pecado, y míranos son ojos de misericordia porque cuando estábamos en el jardín, nuestras alabanzas e himnos estaban delante de ti sin cesar..

7 Pero desde que entramos en esta tierra extraña, los santos elogios ya no salen de nosotros, ni oraciones justas, ni comprensión en nuestros corazones, ni hay dulces pensamientos, ni buenos sentimientos, ni está nuestra brillante naturaleza que teníamos antes, cuando fuimos creados.

8 Sin embargo, ahora al ver nuestra sangre que es ofrecida en estas piedras, acepta esto que está en nuestras manos, al igual que los elogios que hemos utilizado antes para cantarte como en el principio, cuando estábamos en el jardín. “

9 Y Adán comenzó a hacer más peticiones de Dios.

Capítulo XXIV

La profecía de la vida y la muerte de Cristo.

1 Entonces el Dios misericordioso, bueno y amante de los hombres, miró a Adán y a Eva, y vio que habían celebrado una ofrenda con su sangre, sin que él se los hubiese ordenado y se agradó aceptando sus ofrendas.

2 Y Dios envió desde su presencia, un brillante fuego que consumió la ofrenda.

3 El saboreó lo dulce de su ofrenda, y les mostró misericordia.

4 Luego vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: “¡Oh Adán, como has derramado tu sangre, así yo también he de derramar mi sangre cuando me haga carne y camine en medio de tu descendencia y así como moriste, yo también moriré y así como construiste un altar y ofreciste tu sangre, yo también levantaré un altar y ofreceré mi sangre en el.

5 Y como me demandaste el perdón a través de la sangre, yo también voy a hacer que con mi sangre reciban el perdón de los pecados, y borren las transgresiones que cometieren contra mi.

6 Y ahora, he aquí, he aceptado tu ofrenda, oh Adán, pero los días de la alianza que he dicho estoy obligado a cumplir y cuando se cumplan, entonces te voy a traer de vuelta al jardín.

7 Ahora, por lo tanto, fortalece tu corazón, y cuando el dolor venga más sobre ti, hazme una ofrenda, y voy a ser favorable a ti. “

Capítulo XXV

Dios representado como amante y misericordioso. El establecimiento de culto.

1 Sin embargo, Dios sabía que Adán creía que con frecuencia debía quitarse la vida y hacer una ofrenda a Él con su sangre.

2 Por lo tanto le dijo: “¡Oh Adán, no siempre debes matarte como ahora, tirándote de la montaña”

3 Entonces Adán dijo a Dios: “Yo estaba pensando con ponerle fin a mi vida de una vez por haber transgredido tus mandamientos y por haber perdido el hermoso jardín y la luz brillante de la que ahora estoy privado y por no poder alabarte como antes.

4 Sin embargo, en tu bondad, oh Dios, no te has deshecho de mi por completo y has sido
favorable conmigo devolviéndome la vida después de morir.

5 Y así se a hecho saber que eres es un Dios misericordioso, que no quiere que nadie perezca, que le encanta que uno no caiga, y que no condena toda la crueldad, el mal, y por la que seríamos destruidos.”

6 Luego Adán se mantuvo en silencio.

7 Y la Palabra de Dios vino a él, y le bendijo, y reconfortándole, hizo un pacto con él, que Él le guardaría hasta el final del día determinado para él.

8 Este, entonces, fue la primera ofrenda que Adán hizo a Dios, y desde ese día fue su costumbre
hacerlo.

Capítulo XXVI

Una hermosa profecía de la vida eterna y gozo (v. 15). La caída de la noche.

1 Entonces Adán tomó a Eva, y ellos comenzaron a regresar a la Cueva de Tesoros donde vivían.

Pero cuando se iban acercando a ella y la vieron a la distancia, cayó una amarga tristeza sobre Adán y Eva.

2 Entonces dijo Adán a Eva, “Cuando estábamos en la montaña fuimos confortados por la palabra de Dios, cuando conversamos y por la luz maravillosa que nos rodeaba.

3 Pero ahora la Palabra de Dios se esconde de nosotros, y la luz que nos mostró se ha
desvanecido y ahora la oscuridad y la tristeza está sobre nosotros.

4 Y nos vemos obligados a entrar en esta cueva que es como una prisión, en la oscuridad que nos cubre, por lo que estamos separados unos de otros, y no puedes verme, ni yo puedo verte.

5 Cuando Adán decía estas palabras, lloró y levantó las manos ante Dios, porque estaba lleno de tristeza.

6 Y oró a Dios para que el sol aparezca y de su luz y así la oscuridad no caiga sobre ellos y así no tengan que venir a la cueva, y deseaban estar muertos antes que ver la oscuridad.

7 Entonces Dios miró a Adán y a Eva, en su gran pesar, y en todo lo que habían hecho con un corazón ardiente, a observó todos los problemas que estaban pasando a diferencia del antiguo bienestar que gozaban y todas las desgracias que les sobrevino en la extraña tierra.

8 Por lo cual Dios no se enojó con ellos ni fue impaciente, Dios se mostró paciente y benévolo hacia ellos como un Padre con los hijos que creó.

9 Entonces vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: “Adán, si te trajera el sol para que nunca se moviera de ti, los días, meses y años pararían y el pacto que he hecho contigo nunca se cumpliría,

 10 y serían abandonados y atrapados en una perpetua peste y no encontrarían donde guarecerse.

11 Más bien, vive y trae calma a tu alma, mientras vivas, día y noche habrá, que te traerán descanso, hasta el cumplimiento de los días, y el momento en que Mi pacto se cumpla.

12 Entonces yo vendré y te guardaré, ¡Oh Adán!, porque no quiero que seas dañado.

13 Y cuando recuerde las maravillas con la que vivías y las cosas buenas que tenías y porque razón perdiste todo ello, entonces yo voluntariamente tendré de ti misericordia.

14 Pero yo no puedo alterar el pacto que he pronunciado, de lo contrario te habría traido de vuelta al jardín.

15 Pero cuando el pacto se cumpla, te pondré a ti y a tu descendencia en una tierra de alegría, donde no existirá ni el dolor ni la tristeza, donde vivirán llenos de gozo, la luz nunca se apagará y la alabanza nunca cesará y este hermoso jardín no tendrá final. “

16 Y Dios dijo a Adán de nuevo, “Tengan paciencia y entren en la cueva, la oscuridad que tanto temes, solo estará por 12 horas y al terminar, vendrá nuevamente la luz.”

17 Entonces, cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, él y Eva lo adoraron y confortaron sus corazones.

Regresaron a la cueva como de costumbre, mientras las lágrimas fluían de sus ojos y dolor y gemidos salían de sus corazones deseando que su alma abandone el cuerpo.

18 Y Adán y Eva oraban hasta que la oscuridad de la noche cayó sobre ellos, y Adán y Eva no pudieron verse otra vez.

19 Y se mantuvieron de pie en la oración.

Capítulo XXVII

La segunda tentación de Adán y Eva. El diablo toma la forma de un ángel la luz.

1 Cuando Satanás, que odia a todos los buenos, vio cómo se siguieron en la oración, y cómo Dios tenía comunión con ellos, y los reconfortaba, y cómo había aceptado su ofrenda, hizo una aparición.

2 Comenzó con la transformación de sus anfitriones; de sus manos salía destellante fuego, y se encontraban en una gran luz.

3 Luego puso su trono cerca de la boca de la cueva porque no podía entrar, debido a las
oraciones de ellos, y arrojaba la luz por dentro de la cueva, hasta donde estaban Adán y Eva, entonces sus anfitriones cantaban alabanzas.

4 Y Satanás hizo esto, con el fin de que cuando Adán viera la luz, pensara que era una luz celestial y que los ángeles han venido para traerles luz en medio de su oscuridad.

5 Así que, cuando Adán los viera, cedería ante su presencia y otra vez sería humillado delante de Dios.

6 Pero cuando, Adán y Eva vieron la luz, creyeron que era real, y se fortalecieron sus corazones, sin embargo, estaban como temblando, y Adán dijo a Eva:

7 “Mira esa gran luz, y las muchas alabanzas que se entonan, pero lo hacen fuera de la cueva, y no entran y pregunta: ¿Porqué no nos dicen que es lo que quieren, de donde son y cuál es el significado de sus muchas alabanzas y la luz que despiden y porqué no entran?

8 Si fueran de Dios, entrarían en la cueva con nosotros, y nos dirían el motivo por el que fueron enviados.

9 Entonces Adán se puso de pie y oró a Dios con un corazón ardiente, y dijo: —

10 ¡Oh Señor! ¿existe en el mundo otro dios aparte de Ti, que creara a los ángeles y los llenara de luz y los enviara y viniera con ellos a nosotros para mantenernos?

11 Pero, mira, vemos que esos ángeles anfitriones están en la entrada de la cueva, envueltos en gran luz y cantan alabanzas en voz alta. Si son de algún otro dios, dímelo y si tu los has enviado, háblame y dime porque los has enviado.

12 No bien había terminado de hablar, cuando un ángel del Señor se le aparece en la cueva y le dice: ¡Adán!, no tengas miedo, se trata de Satanás y sus anfitriones que desean engañarlos otra vez; la primera vez se ocultó en la serpiente y ahora se disfraza de ángel de luz, de tal manera que si ustedes lo adoraban, él los haría sus esclavos delante del mismo Dios.

13 Entonces el ángel fue hasta la puerta de la cueva y se apoderó de Satanás y lo despojó de la pretensión que había asumido y lo llevó delante de Adán con la apariencia real que tenía, una apariencia horrible, que Adán y Eva tuvieron miedo al verlo.

14 Y el ángel le dice a Adán: “Esta horrible forma es la que tiene desde el momento que Dios lo echó del cielo, no podía haberse presentado a ustedes con ella, así que tomó la apariencia de ángel de luz.

15 Entonces el ángel llevó fuera a Satanás y sus anfitriones, lejos de Adán y Eva, y les dijo: “No tengan temor, pues el Dios que los creó, los fortalecerá.”

16 Y el ángel se fue.

17 Sin embargo, Adán y Eva se mantuvieron de pie en la cueva; pues no se sentían consolados y tenían mucho que pensar 18 Oraron hasta la mañana, y luego salieron en busca del jardín.

Ya que sus corazones fueron hacia él, pues no encontraban consuelo por haberlo perdido.

Capítulo XXVIII

El diablo pretende llevar a Adán y Eva al agua para bañarse.

1 Pero cuando el astuto Satanás vio, que iban al jardín, se reunió con sus anfitriones y entraron tomando la apariencia de una nube, con el fin de engañarlos nuevamente.

2 Pero, cuando Adán y Eva vieron esta visión, creyeron que eran los ángeles del Señor que venían a traerles comodidades abandonadas en el jardín o para hacerlos regresar de nuevo en él.

3 Y Adán levantando las manos hacia Dios le suplicaba que le hiciera comprender lo que
acontecía.

4 Luego Satanás, que odia a todos los buenos, dice a Adán, ¡Oh Adán, yo soy un ángel del gran Dios, y he aquí los anfitriones que me rodean.

5 Dios nos ha enviado para llevarte a ti y a Eva a la frontera norte del jardín para que se bañen en las aguas del mar y regresen a su antiguo gozo, regresando al jardín

6 Estas palabras penetraron en el corazón de Adán y Eva.

7 Sin embargo, Dios no trajo palabra alguna a Adán, ni le hizo comprender lo que pasaba, quería probar su fuerza y ver si era capaz de soportar la prueba o si sedería como cuando estuvo en el jardín, en presencia de Eva.

8 Entonces llamó Satanás a Adán y a Eva, y les dijo: “He aquí, vamos a las orillas del mar, y ellos empezaron a ir.

9 Y lo siguieron a poca distancia.

10 Pero cuando llegaron a la montaña al norte del jardín, una montaña muy alta, sin ningún tipo de medidas para la parte superior del mismo, el diablo se acerca a Adán y a Eva, y los hizo subir a la cima de la montaña, para poderlos empujar y tirarlos hacia abajo y así librarse de ellos, a fin de que la tierra solo sea de él y sus huestes de maldad.

Capítulo XXIX

Dios le dice a Adán de la finalidad del Diablo. (v. 4).

1 Sin embargo, cuando el misericordioso Dios vio que Satanás deseaba matar a Adán con sus muchos trucos, y vio que Adán era manso y sin engaño, Dios habló a Satanás en voz alta, y le maldijo.

2 Entonces él y sus anfitriones huyeron, y Adán y Eva se mantuvieron de pie en la cima de la  montaña, y de allí pudieron ver hacia abajo, el gran mundo, pero no vieron a ningunos de los anfitriones de Satanás que los habían traído a ella.

3 Ellos lloraron, tanto Adán como Eva, ante Dios, y suplicaron perdón a Él.

4 Luego vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: Adán, debes saber que Satanás trata de
engañarte a ti y toda tu descendencia después de ti.

5 Y Adán exclamó ante el Señor Dios, en oración o súplica para que le diera algo del huerto para sentirse confortado.

6 Y Dios consideró el pensamiento de Adán, y envió al ángel Miguel, y en lo que respecta al mar que llega hasta la India, que tomara de allí unas barras de oro y se los lleve a Adán.

7 Esto hizo Dios en Su sabiduría, a fin de que estas barras de oro dieran luz en la cueva durante la noche y ya no tengan miedo por la oscuridad.

8 Entonces el ángel Miguel bajó por orden de Dios, y tomó las barras de oro como Dios había mandado y las trajeron a su presencia.

Capítulo XXX

Adán recibe los primeros bienes mundanos.

1 Después de estas cosas, Dios mandó al ángel Gabriel a que bajara al jardín a decirle al querubín custodio “He aquí Dios me ha enviado entrar al jardín para tomar de él, el dulce olor del incienso y dárselo a Adán

2 Entonces el ángel Gabriel bajó por orden de Dios al jardín, y le dijo al querubín como Dios le había mandado.

3 El querubín entonces dijo: “Bien.” Y pasó Gabriel y tomó el incienso.

4 Entonces Dios mandó a su ángel Rafael a bajar al jardín, y hablar con el querubín para que tomase mirra y dársela a Adán

5 Y el ángel Rafael bajó y le dijo al querubín como Dios le había mandado, y el querubín dijo, “Bueno”. Luego pasó Raphael y tomó la mirra.

6 Las barras de oro fueron del mar de la India, donde hay piedras preciosas. El incienso era de la frontera oriental del jardín, y la mirra de la frontera occidental, del lugar donde Adán encontró mas amargura para su alma.

7 Y los ángeles traen estas cosas a Dios, por el Árbol de la Vida, en el jardín.

8 Entonces Dios dijo a los ángeles, “Tomen un poco del agua y rocíenla sobre Adán y Eva, para que sean reconfortados en su dolor y dénsela.

9 Y los ángeles hicieron como Dios les había mandado, y dieron todas esas cosas a Adán y a Eva en la cima de la montaña en que Satanás los había colocado, y donde él intentó asesinarlos.

10 Y cuando Adán vio la barras de oro, el incienso y la mirra, fue conmovido a punto de que se puso a llorar y se alegró porque pensó que el oro era un símbolo del reino de donde había salido, que el incienso era un símbolo de la luz brillante con la que estaba vestido, y que la mirra era un símbolo de la tristeza en la que le ha tocado vivir.

Capítulo XXXI

Ellos tienen más comodidad en la Cueva de los Tesoros en el tercer día.

1 Después de estas cosas, Dios dijo a Adán, “Me pediste que te diese algo del jardín para sentirte confortado y he aquí te he dado estas tres cosas sabiendo que confías en el pacto que he hecho con ustedes.

2 Cuando yo venga en carne, los reyes me traerán oro, incienso y mirra; oro como muestra de mi realeza, incienso como muestra de mi divinidad y mirra por el sufrimiento y la muerte que he de pasar.

3 Pero, Adán, se han puesto estas tres dentro de la cueva para que el oro les de luz durante la noche, el incienso para que sientan el aroma dulce que descansa y la mirra para que sean confortados del dolor

4 Cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, empezó a adorarlo y junto con Eva le dieron las gracias porque Dios había mostrado misericordia con ellos.

5 Entonces Dios mandó a los tres ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, a cada uno de ellos para que den a Adán lo que habían traido, y así lo hicieron uno a uno.

6 Y Dios mandó a Suriyel y a Salathiel que llevaran a Adán y a Eva de la montaña hacia la Cueva de los Tesoros.

7 Allí colocaron al oro en la zona sur de la cueva, el incienso en la parte oriental y la mirra a la occidental, al norte se encontraba la entrada de la cueva.

8 Los ángeles reconfortaron luego a Adán y a Eva, y partieron.

9 El oro fue en un total de setenta varas *; el incienso, doce libras, y la mirra, tres libras.

10 Estas tres cosas estuvieron cuidadas por Adán en la Cueva de los Tesoros.

11 Dios le dio estas tres cosas a Adán en el tercer día después de que él había salido del jardín, como representación de los tres días que el Señor debe permanecer en el corazón de la tierra.

12 Y estas tres cosas continuaron con Adán en la cueva, le dieron la luz de noche y de día, dándole alivio de su dolor.

* Una vara es una unidad de medida lineal equivalente a 5,5 metros y también una unidad de medida de área equivalente a 30,25 metros cuadrados. En este caso, la palabra simplemente significa vara de una especie de largo, delgada pieza de oro no especificadas de tamaño y peso.

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